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jueves, 5 de marzo de 2009

VIAJE AL CENTRO DE LA CABEZA

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Desde muy pequeña Cecilia fue un personaje diferente, desde su manera de vestir, y sus trastornos de personalidad, hasta su forma de ser y su inteligencia multifacética.
Cecilia vivía en un mundo del cual nunca entenderíamos. Pasaba horas contemplando el horizonte de su mundo, como buscando acercarlo hacia su costa.
Su cabeza es como un reloj, pero a su vez como una enredadera, sus pensamientos son muy medidos, pero a su vez se cruzan con quinientos más y se pueden perder como terminar en algo brillante.
La última vez que se vio a Cecilia, estaba flotando – música en sus oídos de por medio -, hacia un lugar del cual no la molestaran, pensando que tal vez ese horizonte la acompañara.

El viaje

Un día Cecilia, pensó que si armaba un globo de pensamientos y lo dejaba flotar solitario ante la mansa brisa, ese globo simplemente la guiaría hacia su amigo horizonte. Lo que no esperaba ella era encontrarse con los vigilantes. Los vigilantes son seres encargados en contraponer cada pensamiento distinto, flotan exactamente en la mitad del camino de la costa al horizonte. Cecilia les hace frente de todas maneras, cuatrocientos ochenta y ocho pensamientos y proyectos atacan a los vigilantes como meteoritos. Ellos resisten y resisten, hasta que exhaustos caen como plumas sobre el agua. Pero no iba a ser fácil, pasando los vigilantes habría más contratiempos. Estaba el gran reloj, este objeto no es un reloj típico, es un reloj que corre según el nivel de inteligencia y ansiedad de las personas, de ésta manera estaba preparado para afrontar a Cecilia sin piedad.

El tiempo

Cecilia está un poco agotada, pues le quedaban cuarenta y cuatro ideas de las quinientas con las que arrancó el viaje. En su mundo las ideas son como el dinero en el nuestro – para hacerles una idea -.
Nuestra amiga pensó en seguida, aunque agotada, en como rebatir ese tiempo, ese pequeño gran reloj. Intentó primero hacer en su mente días de treinta horas, soportó las olas de sueño que desde el horizonte venían a ayudar a su reposo, el tiempo le mandó ovejas para que contara, Ceci se río de él y de las ovejas, y esa risa la mantuvo un rato más, he ahí otra idea, se le ocurrió que la mejor forma de rebatir ese tiempo era conocer el mundo, divertirse, hacer del viaje algo divertido. Cosa que en segundos destruyó las fuerzas del gran reloj.

Llegada.

Al pasar el gran reloj, Ceci estaba convencida de que el horizonte que siempre miraba, le daría explicaciones a su canilla libre de proyectos e ideas, cosa que la ponía de buen humor. Llegando ya casi al horizonte, el buen humor le dio algunas ideas más para desarrollar. Ella se detuvo a pensar, volteó la mirada al reloj y a los vigilantes, y decidió volver al principio, porque se dio cuanta que valió tanto la pena luchar contra ellos y llegar a un resultado, que valía la pena volver a hacerlo. Total cuando Cecilia hacía las cosas, las hacía con la libertad de ella misma ponerse metas y romperlas al mismo tiempo. Soltó su globo de pensamientos, y armó otro diferente...

FIN

5 comentarios:

De la Prada dijo...

Bueno, bueno, bueno... uno de los mejores para mi gusto. Me ha encantado. GENIAL!!!

Juan Raúl "Pepe" Montoro dijo...

ta bueno nacho, hay que cuidar la ortografía!

luliexperiment dijo...

....me gusta que la llegada sea otro inicio....
q sea asi siempre....

chechalisboa@gmail.com dijo...

gracias nachín

alvaro dijo...

no había tenido tiempo de poner un comentario....

cuando lo leí se me ocurrieron tantas cosas que ahora no se cual poner.... excelente....
y pal que conoce ... tal cual